Parecía que estaban a punto de caerse, pero no: cuando ella tropezaba, la sostenía él; cuando él se bamboleaba, lo enderezaba ella. A dúo andaban, bien agarraditos el uno del otro, pegados el uno al otro en los vaivenes del mundo
En 1919, la revolucionaria Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín. Los asesinos la rompieron a golpes de fusil y la arrojaron a las aguas de un canal. En el camino, ella perdió un zapato. Alguna mano recogió ese zapato, tirado en el barro. Rosa quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia. Cada día, alguna mano recoge esa bandera. Tirada en el barro, como el zapato.
Somos una civilización de soledades que se encuentran y desencuentran continuamente sin reconocerse. Ese es nuestro drama, un mundo organizado para el desvinculo, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa.
“Prisons do not disappear social problems, they disappear human beings. Homelessness, unemployment, drug addiction, mental illness, and illiteracy are only a few of the problems that disappear from public view when the human beings contending with them are relegated to cages” -Angela Y. Davis
4 de septiembre, el día en que se celebraron las elecciones de 1970 donde la Unidad Popular, con su candidato Salvador Allende, obtiene la mayoría de los votos.